Por Francisco Mouat

¿Pero es verdad que no nos pasa nada, o es que no tenemos más remedio que avanzar junto al tiempo? ¿Qué hay de aquellas miradas que suelen despedir los que viven más intensamente? ¿Qué sucede con los pliegues y surcos en la piel de los que ya han vivido bastante? ¿Y el peso en el alma del dolor acumulado después de sufrir? ¿Y los libros leídos, y las películas vistas, y la música escuchada, no cuentan acaso?

Tal vez la diferencia entre aquel lugar común que dice que perdimos la capacidad de asombro y nuestra propia vida radique justamente en esto: cada uno de nosotros es un planeta limitado, y no damos abasto para asimilar la existencia en todo su esplendor, dureza y magnitud. Apenas nos alcanza para una selección justa de estímulos y personas a las cuales llevar en nuestro equipaje.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Sólo nos queda tomar la luz de las miradas de los que viven intensamente y tomarlo como camino.
Estamos acostumbrados a la rutina y no percibir las cosas importantes y simples a la vez..Por el contrario, desaprovechamos los instantes, los momentos, los suspiros.

Consuelo dijo...

La importancia de las cosas simples que pasan desapercibidas a nuestro alrededor...perder la capacidad de asombro, algo que me aterra realmente... o cuando las cosas se olvidan, los detalles que marcan realmente la diferencia....
evitar la monotonia...
recordar las pequeñas cosas...
detenerse a observar mi entorno...
y ver lo que le pasa a mi prójimo...
¿como nos va a llevar tanto tiempo hacer eso, no?

Anónimo dijo...

Por lo general son las cosas simples las que siempre se olvidan..el ser humano tiende a complicarse la vida con lo mas rebuscado, sin dar importancia a lo lindo que puede ser el detenerse, respirar, oler, sentir la brisa de casa mañana o ver el sol como sale por la montaña.
Detalles..que gran palabra..vivamos entonces de los detalles.